jueves, 12 de enero de 2017

MARY SHELLEY (Adopted)

Para completar la colección de muñecas literarias relacionadas con Hijos de Mary Shelley, no podía terminar sin la mismísima Mary Wollstonecraft, o como todos la conocimos una vez se casó con Percy Shelley, Mary Shelley.


Hacer una muñeca de esta maravillosa autora fue todo un reto. Ella creó uno de los iconos del monstruo moderno, predecesor de la literatura de zombis y no muertos y la que puede ser considerada la primera novela de ciencia ficción: Frankenstein o el moderno Prometeo. Quería ser muy respetuosa con ella, así que lo primero que hice fue estudiar la ropa de la época y los peinados típicos del Romanticismo. Después, de entre los retratos de la autora, seleccioné dos que me fueron especialmente útiles. El que he puesto más arriba me dijo que Mary tenía los ojos azules y el pelo dorado.


Esta otra me enamoró por diversas razones: el vestido con margaritas con las mangas de farol típicas de la época, el peinado con tirabuzones y, sobre todo, porque en ella se la ve escribiendo, así que decidí tomarla como referencia para el aspecto final de mi Blythe Mary. Resulta complicado dar la expresión de un rostro tan alargado como el de la original a una muñeca como la Blythe, pero ya me diréis vosotros si lo he conseguido. Yo estoy bastante contenta.


El vestido, cancán, pololos, carving, maquillaje y peinado son de mi autoría. Los zapatos están pintados y llevan una margarita a juego con la puntilla del escote y las mangas. El pelo es el original de la muñeca, aunque hacerle el peinado romántico fue toda una Odisea. Los chips de los ojos son los originales de la muñeca, menos el juego que se ve en las imágenes, que es de Coolcat.


Como se ve muy bien en esta imagen, las flores de las mangas están cosidas a mano y hechas con cuentas. Creo que la expresión taciturna del rostro la he captado bastante bien. Mary es una fake Blythe, con un pelo maravilloso para el peinado romántico.


Galvanismo (Un Relato de María Zaragoza)

Mamá decía que todo podía arreglarse menos las personas. Eso le habían contado que dijo mientras se desangraba en el suelo justo después de parirla, así que había crecido sin madre o con madres prestadas; todos quieren hacerte de madre cuando te falta una. Había crecido mucho, ya tenía casi seis años, y podía ir con papá a esas cosas tan raras a las que iba. Papá nunca quería dejarla sola porque siempre tenía miedo a pesar de lo grande que era ya. Nunca le había confesado a padre el por qué de esos terrores, pero lo cierto es que cuando estaba sola veía a mamá sentada en un charco de sangre diciendo que todo podía arreglarse menos las personas. Lo que la atemorizaba no era mamá, nada de eso, sino que las personas no se pudieran arreglar. Así que aquel día papá la llevó consigo a un experimento, eso dijo, que iban a ver un experimento hecho por un físico con un nombre muy raro: Giovanni Aldini. Cuando fuera grande y adoptara el apellido Shelley de su marido, trataría de recordar ese nombre italiano tan extraño y tan importante y no lo conseguiría. Sin embargo, no podría olvidar la impresión que le causó que aquel hombre muerto, papá le había dicho que era un asesino ejecutado, se levantase cuando el señor que habían ido a ver conectó la corriente eléctrica a través de su cuerpo. Fue tan sólo unos segundos, pero el criminal se movió como si estuviera de nuevo vivo causando que todos los asistentes gritasen, huyesen o incluso se desmayaran conmocionados. Papá cogió la mano de la pequeña Mary para salir de allí, pero la niña no se movió. Parada frente al cadáver en movimiento, sonreía. Mamá se equivocaba: incluso las personas rotas pueden arreglarse.



Mary ha sido objeto de estudio e inspiración para muchos artistas, sobre todo por su creación principal: la criatura o monstruo de Frankenstein. Mi pequeño homenaje a este ser la he hecho en el tirador, como se ve en la fotografía anterior, un pequeño monstruo que remeda la imagen que tenemos todos de la Criatura gracias a El Doctor Frankenstein (1931) y su rostro de Boris Karloff. Aunque la desgracia del original, el de la novela era precisamente lo opuesto al que Karloff encarnó, ser inteligente, la imagen que tenemos de él es sin duda la del hombre alto y verde (a pesar de que la película era en blanco y negro) con la cabeza plana y tornillos en el cuello.


Mi Mary Shelley ha participado con Hijos de Mary Shelley en el Festival Celsius 232 y en Diodati se mueve en el Valle de Iruelas, pero de eso hablaremos más adelante.


Si no he de inspirar amor, inspiraré temor.
Frankenstein o el moderno Prometeo
Mary Shelley

jueves, 15 de diciembre de 2016

Victoria Motoya

Hoy os quiero presentar a Victoria Montoya, otra de mis muñecas literarias para Hijos de Mary Shelley. En este caso, la protagonista es una pastelera que viaja en el Titanic y cuyo espectro atrapado en el barco hundido susurra a sus descendientes la receta de unos dulces que proporcionan la vida eterna.
En este caso, el relato aparece en el libro Wollstonecraft: Hijas del horizonte, tomo que se hizo en honor a la famosa feminista y madre de Mary Shelley y aparece firmado con seudónimo por "La Descendiente". El nombre del relato es Delicias Wollstonecraftianas.



Cuenta la leyenda que la que más tarde sería una famosa repostera española, Victoria Montoya, encontró por accidente en un viaje a Londres, en las proximidades de Camden Town donde Mary Shelley pasó su infancia como Mary Wollstonecraft, un viejo papel con dos recetas: la de unos misteriosos bombones y la que mostraba cómo vencer a la muerte.


Victoria es una fake Blythe que venía con un pelo precioso, que decidí conservar. De hecho la muñeca tiene sólo trabajo de carving, maquillaje, peluquería y ropa. El único cambio extra es un juego de chips para los ojos de Coolcat.


[...] la Descendiente, la que más se parecía de todos a Victoria, hace unos extraños dulces dos o tres veces al año, siempre en fechas fluctuantes, siempre de la misma forma. Unos dulces que se venden nada más ofrecerse y que la Descendiente después no recuerda haber hecho. Unos dulces que dicen dan la salud y la suerte e, incluso, se comenta que uno de cada bandeja concede la vida eterna.



La realización de esta muñeca, sobre todo, tiene un profundo trabajo de investigación sobre la época en la que Victoria Montoya vivió y sobre las tendencias en moda, peinado y maquillaje. Desde un principio supe que quería que el peinado estuviese inspirado en el que mi propia abuela lucía en un retrato de la época, no quería ir a lo fácil, que hubiese sido inspirarme en la película Titanic.


Estuve a punto de caer en la tentación de hacerle un sombrero como los que lucía la protagonista de una de mis películas favoritas, Memorias de África, pero finalmente consideré que era mejor quedarme con mi idea original.


Para el vestido sí tenía claro la parte de arriba, un tanto camisera como esta de la fotografía de arriba o esta de más abajo de Paul Poiret, con el corte no justo debajo del pecho pero tampoco en la cintura. En cuanto a la parte de abajo, busqué todo tipo de cortes con pliegues y abiertos como teatros. También los orientalistas, la inspiración egipcia estaba a la última en aquellos días.


El vestido de Victoria es el resultado de toda esa investigación. En cuanto al maquillaje, los colores rosas en las mejillas destacan redondeando el rostro, lo que en una Blythe es casi reiterativo.No se usaba aún ni lápiz ni máscara de ojos Estoy muy contenta con el resultado final, espero que también os guste.


Más adelante os contaré cómo Victoria Montoya participó en el Festival Celsius 232 o en los espectáculos de Diodati se mueve.

Algunas fotos más: